Puedes hablar fuerte. Puedes proclamar integridad, cultura ética y valores corporativos. Pero si tu actuar no está alineado… tarde o temprano, te vuelves un meme.
En semanas recientes, escándalos reputacionales han tocado a empresas globales como Nestlé, Nu, Astronomer… o lo que vimos esta semana: el bochornoso momento en el US Open, donde Piotr Szczerek, CEO de la firma polaca Drogbruk, le arrebató a un niño la gorra firmada por un tenista. El gesto —captado en video— generó indignación mundial. Lo que todos estos casos tienen en común no es solo el error, sino la percepción pública de incongruencia. Y cuando eso ocurre, la marca —sea empresarial o personal— se tambalea.
Porque hoy, más que nunca, el liderazgo debe ser personal, congruente y medible. No basta con decir que cumplimos. Hay que demostrarlo todos los días.
Como consejera y consultora de grandes corporaciones —globales y familiares— me parece que vivimos un momento y una oportunidad única para revisitar cuán alineada se encuentra la Alta Dirección de nuestras organizaciones. Sí, no todos pensamos igual, ni siquiera dentro de la misma familia o empresa. En este #MartesDeCompliance, te propongo revisar y echar a andar tres acciones personales que te permitirán evaluar, evaluarte y recalibrar el camino:
1. Revisa tu modelo de liderazgo en integridad
¿Lo que haces inspira confianza o despierta dudas? El liderazgo ético se construye en lo cotidiano. Tus decisiones hablan más fuerte que tus palabras.
2. Promueve sesiones de conversación, capacitación y talleres
Los valores no se delegan, se enseñan. Como señala Robin Sharma en El líder que no tenía cargo:
❝El liderazgo no es un título, es una forma de vivir.❞
El liderazgo ético se cultiva con reflexión, herramientas prácticas y ejemplo. Si tus equipos te siguen viendo lejano o lejana, casi inalcanzable, quizá sea momento de salir de esa gran oficina y tener conversaciones casuales.
Te comparto: un líder a quien admiro mucho recibió como retroalimentación el verse “muy arriba”… y sí, estaba en el quinto piso, mientras el resto del “pueblo” estaba en otros niveles del edificio. Ese día decidió bajar a comer en el mismo horario que la mayoría. Se sentaba en una mesa diferente cada día. Al principio, algunos se sentían casi ahogados de solo verle junto a ellos. Lo peor: algunos no sabían quién era. Sí, era el CEO de una empresa global, pero muy pocos habían cruzado palabra con él.
Siguió con esa práctica durante semanas. Escuchó historias, conoció rumores de radio-pasillo que jamás hubiera imaginado. Unas semanas después, en una reunión de Consejo, alguien osó hablar despectivamente sobre los horarios de comida y las “distracciones” del personal. Él se levantó y, de forma enérgica, dijo:
“Imposible comer en menos de 20 minutos. La fila de las quesadillas es muy larga… y más los miércoles”.
Ese también es liderazgo ético: el que baja, escucha y actúa con humanidad.
3. Mide, audita y responde
Lo que no se mide, no se mejora. ¿Tienes una línea de denuncia funcional? ¿Das seguimiento a los reportes? ¿Se toman decisiones que respalden tu cultura ética?
Las líneas éticas no pueden verse como un “chismógrafo” o como un “seguro” para evitar despidos. Pero si el liderazgo está ausente, estas líneas se vuelven el único canal donde los jefes escuchan.
Compliance no es sentido común. Es sentido ético compartido.
Y como dice Han Kang en Imposible decir adiós:
«Hay heridas que no vemos, pero que definen el modo en que miramos al otro.»
El liderazgo también deja huellas invisibles: la confianza, el respeto, el ejemplo.
En tiempos de reputación líquida y redes sociales despiadadas, liderar con integridad ya no es un lujo. Es la única forma sostenible de inspirar, construir y representar.
La pregunta es simple, pero poderosa:
«¿Tu liderazgo está dejando huella… o mancha?»
Hagamos que suceda.
Adriana Peralta



Un comentario
Una gran reflexión, Compliance tiene cabida (cada vez más) en todo ámbito, sobre todo en el liderazgo.